Hay listas que sirven para ordenar la semana y otras que terminan contando una vida. Rafa dejó escrita una de cuarenta restaurantes de Madrid. Junto a cada nombre no puso una puntuación ni una reseña: anotó el plato concreto que quería probar.

Había bacalao, callos, croquetas, tortilla de patatas, torreznos y casquería. Cocina reconocible, tabernas de barra estrecha y mesas donde el tiempo parece moverse a otro ritmo. Rafa no pudo completar el recorrido. Su hija, Cristina, decidió seguirlo por él.

Una ruta sin algoritmo

La fuerza de la lista está precisamente en lo que no pretende ser. No es un ranking de los mejores restaurantes de Madrid ni una colección de lugares diseñados para la foto. Es una selección personal, escrita en 2019, en la que cada dirección va unida a un deseo muy preciso.

Cristina visita los locales, pide lo que su padre había marcado y reconstruye la historia paso a paso. Uno de los últimos altos fue Bodegas Ricla, una taberna castiza de la calle Cuchilleros conocida por sus callos, vermut y ambiente sin decoración impostada.

Lo que cuenta sobre Madrid

La ruta también dibuja una ciudad. Aparecen platos que sobreviven porque alguien continúa pidiéndolos, casas de comidas donde importa más el guiso que la vajilla y bares que funcionan como archivo oral del barrio.

Por eso la historia va más allá de completar cuarenta casillas. Comer el plato que otra persona había elegido es una forma de compartir tiempo con ella, aunque la visita ocurra años después.

La Lista de Rafa sigue abierta. No publicamos aquí las cuarenta direcciones como si fueran una guía cerrada: parte de su encanto consiste en acompañar el recorrido y comprobar cada establecimiento antes de recomendarlo.

Consejo MadGo: empieza por una taberna clásica y pide su especialidad, no cinco cosas al azar. Madrid se entiende mejor plato a plato.